El ambiente que rodea el momento cambia ligeramente con la altura, sin embargo, los rayos del sol traspasan la languidez atmosférica sin titubear.
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la vida, un juego de luz y sombra.
El ambiente que rodea el momento cambia ligeramente con la altura, sin embargo, los rayos del sol traspasan la languidez atmosférica sin titubear.
Las sombras trascienden la realidad y sus objetos. Los colores se divierten en medio de este juego de luz y sombras, un bailar infinito y continuo de tiempos disimiles llenos de realidades y ficciones.
Así, entre un mismo ciclo se desenvuelve la vida, en medio de dos aleteos separados por el tiempo, el esplendor y la penumbra.
Allí en ese trasegar transcurre el cuento, uno distinto para cada protagonista que respira ese instante único e irrepetible que ha quedado suspendido con algo de suerte y no poco esmero mostrando entelequias, efigies imperfectas posibles gracias a ese artilugio humano que le arrebata a Chronos y al recuerdo algo de su intangible magia, poniendo en evidencia lo minúsculo y la fragilidad del devenir convertido en imágenes.
En ellas no hay viento, calor ni frío, las manos temblorosas que tratan de alinear el corazón y la vista desaparecen al igual que el sonido de los mirlos, la caricia del sol en su ultimo hálito, la luna desnuda en su piel de ocre, el arrebol de lirio vestido o la mirada que espera perdida en la profundidad del océano su expresión a través del verso que ahora reforzado por las fotografías, quedará alojado por siempre en lo más recóndito de mi memoria y la de aquellos que comparten conmigo este lapso de inmensidad entre viajes espaciales.
Fotografía itinerante, Sur América, 2017 "